Acerca de… el aeropuerto acogedor

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Sí, cuando llegas con el autobús ya se nota algo distinto, da la sensación de aquel Barajas de imágenes de archivo. Parece antiguo, como si no lo hubieran renovado desde los 70.
Pero es que luego al entrar resulta bastante acogedor, nada de esa mega construcción de la T4 o de Schiphol. Nada de blacos inmaculados o tensores, el suelo de parqué da un sensación muy cálida. Además lo puedes abarcar con la vista… todo, es fácil hacerte una idea de donde están las cosas.
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Es curioso, el aeropuerto de Rotterdam, ciudad industrial y comercial por excelencia (El mayor puerto de Europa según la wikipedia), es pequeño, muy pequeño. Si estuvieramos en España pensaría que el ayuntamiento (o la provincia) de Rotterdam ha tenido muchos años un gobierno opuesto al gobierno nacional y los han castigado no dando apoyo al aeropuerto. Aquí, me da la sensación de que ha habido algo de planificación a nivel nacional. Hay un tren que conecta muy rápido Roterdam y Schiphol (El aeropuerto de Amsterdam) no hace falta tener otro mega aeropuerto. Bueno, puede que esté idealizando a los holandeses.
Una cosa que llama la atención es lo que hay aquí anunciado en las pantallas y paredes. Por supuesto hay algún anuncio de destinos turísticos y de ropa (mayoritariamente de hombre), pero lo que abunda son los anuncios para empresas: herramientas para mejorar la productividad en la oficina, empresas de logística, empresas siderúrgicas; anuncios con gruas, contenedores, barcos de mercancias, remolcadores… ahí sí que se nota cerca de donde estamos y cual es el público que visita este aeropuerto. Y eso también explica por que los billetes son muuuucho más caros desde aquí que desde los otros aeropuertos de Holanda, menos en navidad.

Acerca de… Ya sabía yo que me iba a arrepentir.

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De no haber cogido la bici al salir de casa el jueves. No por ir en bici, como todo el mundo sabe mi culo está un poco harto, si no por el paraguas y el chubasquero que llevo en las alforjas.
De momento voy a usar la estrategia de los nativos, mirar como llueve mientras esperamos a que escampe. Al menos he cenado antes de subir al tren en Eindhoven.
Pues eso, bienvenido a los Países Húmedos… Digo, Bajos.

Menos mal que Eduardo Mendoza me hace buena compañía:

“Atravesamos el lóbrego vestíbulo sin que la portera, absorta en sus quehaceres, a juzgar por las fumaradas de fritanga que emanaban de su cubículo, nos diera el alto y subimos a pie al último piso”
El Laberinto de las aceitunas, Eduardo Mendoza.

 

Jaume.